Tan podrido como que en todas partes se observa el mismo fenómeno: no nos representan sino que se representan a ellos mismos. No han llegado a la política para mejorar nuestro país ni para ayudar a los ciudadanos. Como bien dijeron (y cumplieron) Zaplana y Acebes, están ahí fundamentalmente para forrarse.
Una mirada a cualquier parte de España nos conduce inevitablemente a esa asquerosa corrupción que en forma de ríos de euros desangra el país y equipara a nuestros políticos con subespecies como narcotraficantes, proxenetas, mafiosos, estafadores, falsificadores y resto de delincuentes.
Estos políticos han invadido los consejos de administración de cajas y bancos para estar siempre cerquita de la pasta. Como esos osos que esperan la llegada río arriba de los salmones para darse un festín mientras los devoran con el mínimo esfuerzo. Así han esperado a los pequeños ahorradores para venderles preferentes y expoliarlos en el acto.
Entre ellos, los banqueros y los grandes empresarios han alentado la proliferación de empresas opacas que viajan por los grandes paraísos fiscales mientras esquilman a la población. Los políticos no son representantes de los ciudadanos sino que se han convertido en nuevos empresarios que gestionan sus riquezas a través de los presupuestos del estado y de los porcentajes que reciben de las mafias empresariales a cambio de la obra pública.
Los ríos de dinero les salen por las orejas. Mientras que España es presa de "los mercados" (léase políticas de los países más potentes, como USA, Alemania, Inglaterra, etc.) y cada vez aumenta más la pobreza y la inseguridad de los españoles (6 millones de parados, la cuarta parte de los españoles en disposición de trabajar) ellos visten trajes de Armani, viajan en Jaguar regalados por noséquioén, disfrutan de grandes mansiones y mandan a sus hijos a estudiar a Europa o a Estados Unidos. Todos tienen grandes cuentas corrientes y tarjetitas como VISA Oro, American Express, etc., que como grandes alfombras rojas les permiten atravesar todas las puertas que desean.
Se podrían escribir al menos otras 22 millones de páginas y todavía no habríamos terminado el relato de esta monstruosidad. Para no pudrirnos en el intento dejamos el relato de iniquidades llevado a cabo por nuestros políticos dejando claro que aunque en este momento la arteria aorta de la corrupción se llama Partido Popular el fenómeno está extendido a la mayoría de los partidos y, lo que es peor, a todos los niveles, desde los alcaldes y concejales de cada pueblo de España, a las Diputaciones, las Comunidades Autónomas y el Parlamento. Hasta la Corona se encuentra inmersa en esta bazofia. Hasta la Fiscalía del Estado y la Judicatura. Todos nuestros altos funcionarios están pringados. Mientras tanto este gobierno no para de despedir a los pequeños funcionarios.
Hay que tomar medidas
1/ Apertura de un macroproceso de investigación que esclarezca las principales vías por las que discurre la corrupción en nuestro país. Para ello la Fiscalía del Estado debería de ayudarse de los técnicos de Hacienda pero también cabría aprovechar a cientos de miles de parados capacitados para participar en las comisiones que sea necesario crear. Este proceso debería de rendir resultados sólidos en pocos meses en cada una de las provincias, comunidades autónomas e instituciones denunciadas sin excepción, incluyendo los datos fiscales de cada concejal, cada alcalde, cada parlamentario, cada asesor nombrado a dedo y el de todos sus familiares cercanos. Estos resultados deberían de permitir abrir inmediatamente todos los juicios rápidos que fueran necesarios para en un plazo de pocos meses o un año conozcamos quienes son y qué se ha hecho con los implicados. .
2/ Disolución del Parlamento, previa abolición de la actual ley electoral y la promulgación de una nueva en la que desaparezcan las listas cerradas de modo que los representantes elegidos estén siempre cerca y al servicio de sus electores y no cerrando filas ante las propuestas de los partidos políticos, que ya sabemos para qué sirven las listas cerradas.
3/ Los nuevos parlamentarios deberán incluir en su programa las modificaciones que consideren necesarias para reformar tanto la actual Constitución como un nuevo Código Penal que castigue con especial dureza el robo al ciudadano. También deberían de aportar propuestas para conseguir que la separación de poderes sea una realidad y no la mentira en la que vivimos actualmente, en la que cualquiera con dos dedos de frente se sonroja al contemplar cómo el único condenado de la mafia Gürtel es el juez que llevó a cabo la instrucción del caso.
4/ Los nuevos parlamentarios deberían jurar su cargo comprometiéndose a no utilizar el indulto en ninguno de los casos investigados y condenados por corrupción.
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